La exigencia de los padres por ver a sus hijos en primera división

La disciplina futbolística impone un reto para los niños con padres demasiado exigentes. La presión de los adultos puede suponer un obstáculo en el proceso educativo.

Una de las preocupaciones más relevantes de los entrenadores y psicólogos deportivos es la presión que ejercen los padres sobre los jóvenes futbolistas. Se trata de un comportamiento frecuente que afecta tanto a los maestros como a los niños. La agudización de este fenómeno se ha convertido en un gran obstáculo para el desarrollo educativo.

La exigencia desmedida crea niños tristes

Es una tendencia común inculcar valores de perfección extrema cuando un niño se inicia en alguna disciplina. Pero este empeño solo ha conseguido levantar a una generación con miedos a equivocarse y con pocas probabilidades de éxito. Esto se debe a que dichos individuos no tienen la oportunidad de formar una personalidad auténtica acudiendo a su sentido crítico, sino a obedecer la voz de la autoridad.


Según lo expuesto por la doctora Madeline Levine en su texto The Price of privilege, los adultos que han sido formados bajo regímenes de perfección buscarán toda la satisfacción en el trabajo y el estudio. En consecuencia, estarán atrapados en una red de insatisfacción al sustituir experiencias placenteras de la vida por su adicción a la excelencia.

La competitividad dañina en el fútbol

Algunos tutores se encargan de hacer lo imposible por que sus hijos lleguen a ser futbolistas de primera división, sin embargo, las estadísticas anuncian que se trata de una posibilidad muy remota. En España juegan 1000 jóvenes distribuidos en ambos grupos y, tomando en cuenta los cinco años de trayectoria promedio, la probabilidad de que un niños debute en primera división es del 0,4%.


Siendo este el panorama, resulta inútil imponer esta presión sobre los más pequeños. David García, coautor del libro Deporte y valores, afirma que esta competitividad dañina puede ocasionar el efecto contrario, contribuyendo al abandono del deporte. Esto se conoce como el síndrome de estar quemado, o burn-out, y consiste en el cansancio de tener que cumplir altas expectativas constantemente. De hecho, en otros casos, los chicos viven un estado de estrés tan severo que no les permite retirarse a causa del miedo que les produce decepcionar a sus padres.

Violencia en el campo de juego

A veces, el resultado de una rígida autoridad se proyecta en el campo de juego mediante las peleas entre instructores y padres. El secretario general de la Federación de Fútbol de las Baleares expresó al respecto que los clubes no pueden tomar medidas efectivas para disminuir el problema. No se puede prohibir el acceso a los niños de padres agresivos porque son menores de edad. Tampoco es posible impedir que el adulto lo acompañe pues el niño se vería afectado. De modo que la solución es la educación de los adultos enfocada en la formación de deportistas sanos psicológicamente.


Organizar charlas y motivar el diálogo directo de entrenador y padres podrían fomentar una mejor comunicación y así paliar la tensión del ambiente. En este punto es donde la psicología deportiva juega un papel primordial en el alcance de objetivos. Contar con un profesional en el área podría ayudar a que los chicos disfruten de su infancia jugando el deporte que más les gusta.

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